La Lista del Juguetero
CAPÍTULO 1: LA CASA DEL ECO
La nieve no era blanca. Era de un gris sucio, que se arremolinaba contra el parabrisas del viejo Volvo de Alex Valera con una furia que parecía personal. Eran las siete de la tarde del 24 de diciembre, y el mundo entero se había encogido hasta reducirse a esa carretera de montaña, dos líneas de reflectores rojos apenas visibles y el aullido del viento.
Alex odiaba la Navidad.
La odiaba con la pasión metódica que antes reservaba para depurar código. Este año, el odio era más puro, más denso. Hacía tres meses, su jefe, Marcos, le había dado «la charla». Reducción de personal, lo llamaron. Una mentira. Alex, el mejor analista de ciberseguridad de la firma, había sido despedido dos semanas después de descubrir un desvío de fondos que apuntaba directamente al portátil de Marcos.
Ahora estaba solo, conduciendo hacia una cabaña alquilada en mitad de la nada en los Pirineos, un lugar llamado «El Eco». La ironía era casi poética. Ir a un lugar vacío para escuchar el eco de su propia vida rota.
La cabaña era tal y como la describían las fotos: aislada. Peligrosamente aislada. Estaba al final de un camino de tierra que la nieve casi había borrado. El propietario, un tipo sin rostro a través de una app, había dejado la llave en una caja de seguridad. La calefacción estaba encendida, crepitando con un zumbido metálico, pero el frío de la casa era profundo, un frío que venía de los cimientos.
Dejó su maleta junto a la puerta. Sin árbol. Sin luces. Solo el viento golpeando las contraventanas. Perfecto.
Sacó una botella de whisky barato y un sándwich de gasolinera. Esa era su cena de Nochebuena. Se sentó en el sofá polvoriento, el móvil sin señal. La única conexión con el mundo era un router de internet por satélite que parpadeaba con una débil luz verde. Mejor que nada.
Abrió su portátil. Por costumbre, revisó la seguridad de la red. Abierta. Sin contraseña. Qué descuido. Pero entonces vio algo más. Una red Wi-Fi secundaria, oculta, con un nombre extraño: «TALLER_NORTE_SEC».
La curiosidad, esa vieja traidora que le había costado el trabajo.
Intentó acceder. La encriptación era de un nivel que no había visto nunca. No era comercial. No era militar. Era… otra cosa. Algo a medida.
«No deberías», murmuró en voz alta, y el silencio de la cabaña le devolvió el sonido de su propia voz, haciéndolo parecer un extraño.
Pero ya era tarde. Tenía el whisky en la sangre y el rencor en el corazón. Era un reto.
Durante dos horas, el único sonido fue el tecleo furioso de sus dedos y el gemido del viento. Estaba usando tres métodos de ataque simultáneos cuando, de repente, la pantalla parpadeó y se quedó en negro. Y luego, apareció una sola línea de texto verde sobre fondo negro:
BIENVENIDO AL TALLER. INICIANDO SESIÓN COMO: INVITADO_NIVEL_3
Alex sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con la nieve. No había «hackeado» la red. Le habían dejado entrar.
La interfaz que se cargó no era un panel de control. Era un mapa. Un globo terráqueo que giraba lentamente, cubierto por miles de millones de pequeños puntos de luz. Vio su propia ubicación, un punto azul brillante en medio de la oscuridad de la montaña.
Pero la mayoría de los puntos eran de tres colores: Verdes, Ámbares o Rojos.
Había un contador en la esquina.
POBLACIÓN MUNDIAL: 8.124.345.678 LISTA VERDE (BUENOS): 6.890.123.456 LISTA ÁMBAR (ADVERTENCIA): 1.234.221.998 LISTA ROJA (RECOGIDA): 223
«Recogida», pensó Alex. ¿Qué significaba eso?
Vio una barra de búsqueda. Con manos temblorosas, escribió un nombre: «Marcos Ruiz».
El mapa se acercó bruscamente a una zona lujosa de Barcelona. Un punto de luz apareció, parpadeando en un naranja intenso.
MARCOS RUIZ. ESTADO: ÁMBAR (98%).
Debajo, había un registro de actividad en tiempo real.
20:15: Transferencia no autorizada (Fondos B). -> +5% 20:17: Llamada (Amenaza velada a 'Sonia'). -> +10% 20:30: Intento de soborno (Contacto 'Juez F.'). -> +20%
Era una lista de pecados. Una lista de «niños malos» en tiempo real. Alex observaba, fascinado y aterrorizado. Vio cómo Marcos hacía otra llamada.
21:05: Ordena eliminación de pruebas (Contacto 'Limpiador'). -> +30%
La barra Ámbar se llenó. Se puso de un rojo brillante.
MARCOS RUIZ. ESTADO: ROJO.
Y entonces, apareció un temporizador.
PROTOCOLO DE RECOGIDA INICIADO. T-60:00 MINUTOS.
«Esto es imposible», susurró Alex. «Es una broma elaborada. Un juego de realidad alternativa».
Pero la interfaz era demasiado rápida, demasiado completa. Era el sistema de vigilancia definitivo. Global. Instantáneo. Y juzgaba.
Sintió un impulso helado. Buscó su propio nombre.
El mapa se centró en la cabaña. El punto azul.
ALEX VALERA. ESTADO: ÁMBAR (35%).
Su propio registro estaba allí.
14:30: Exceso de velocidad (Zona 50). -> +1% 16:00: Mentira (Agente de alquiler, sobre el motivo del viaje). -> +1% 19:00: Acceso a red segura (TALLER_NORTE_SEC). -> +15% 21:10: Acceso a datos clasificados (Registro 'Marcos Ruiz'). -> +18%
Su corazón dio un vuelco. El simple hecho de mirar la lista le hacía sumar puntos. Estaba siendo observado ahora.
Trató de cerrar la ventana. No pudo. Trató de apagar el portátil. La pantalla parpadeó con un nuevo mensaje:
INTENTO DE DESCONEXIÓN DETECTADO. ESTADO: ÁMBAR (55%).
«No, no, no.» Se levantó de un salto, tirando la botella de whisky al suelo. Corrió hacia el router y le dio un tirón al cable de alimentación. La luz verde se apagó.
El portátil siguió encendido. La interfaz seguía allí, el mapa seguía girando. Funcionaba con su propia energía.
CONEXIÓN DE RED PERDIDA. CAMBIANDO A ENLACE DE EMERGENCIA (SATÉLITE DEDICADO).
Un nuevo mensaje apareció en la parte inferior de la pantalla. Era diferente. No era un registro del sistema. Era un chat.
USUARIO: 'JUGUETERO' MENSAJE: Has sido muy curioso, Alex. A Papá Noel no le gusta que los niños espíen sus regalos.
La nieve golpeó la ventana con la fuerza de un puño. Y entonces, entre el aullido del viento, Alex escuchó otro sonido.
Un sonido que no debería estar allí.
En la lejanía, débil pero inconfundible, el tintineo de unos cascabeles.
CAPÍTULO 2: EL TALLER DEL SILENCIO
El sonido de los cascabeles era rítmico. Lento. No era el trote alegre de un trineo, sino el paso pesado de alguien que camina sobre nieve profunda. Y se estaba acercando.
Alex apagó la luz de la sala. La cabaña quedó sumida en una oscuridad casi total, iluminada solo por el resplandor enfermizo del portátil.
ALEX VALERA. ESTADO: ÁMBAR (75%). REGISTRO: Pánico detectado. Nivel de adrenalina elevado.
«Están leyendo mis constantes vitales», pensó, sintiendo que el aire le faltaba. ¿Cómo? ¿El portátil? ¿El móvil?
Los cascabeles se detuvieron. Justo fuera, en el porche.
Alex se arrastró por el suelo de madera fría hasta la ventana. Apartó la cortina con un dedo tembloroso.
La tormenta era una cortina blanca, pero había una forma oscura en medio de ella. No era un hombre con un traje rojo. Era una silueta alta y voluminosa, vestida con lo que parecía un equipo de invierno de alta montaña, de un blanco níveo que casi se mimetizaba con el entorno. La única nota de color era el visor oscuro de un casco táctico.
La figura estaba perfectamente quieta. Mirando la casa.
«El Eco». El nombre de la cabaña le golpeó de repente. Estaba diseñada para estar aislada. No había vecinos. No había nadie a quien gritar.
El portátil volvió a sonar. El chat del ‘Juguetero’.
JUGUETERO: ¿No vas a invitarle a entrar, Alex? Ha venido desde muy lejos. Y hace frío fuera.
Alex retrocedió de la ventana, tropezando con la alfombra. El pánico se estaba convirtiendo en terror puro. Esto no era una corporación. No era el gobierno. Era algo que se envolvía en el folclore navideño para cometer… ¿qué?
¿Recogidas?
Se obligó a pensar. Era un analista. Descomponer el problema.
- Saben quién es.
- Saben dónde está.
- Lo están vigilando en tiempo real.
- Tienen un agente físico en el exterior.
- Su nombre está en la lista Ámbar, acercándose al Rojo.
Corrió hacia la chimenea. El fuego se había apagado hacía horas. Cogió el atizador de hierro, pesado y frío. Era un arma pésima, pero mejor que nada.
Se escondió en el pequeño pasillo que llevaba a la cocina, donde no podían verlo desde las ventanas principales. Su respiración era áspera en el silencio.
El tiempo se estiró. Un minuto. Cinco. El viento era el único movimiento. La figura no se movía. No intentaba forzar la puerta. No rompía una ventana. Solo esperaba.
Era una guerra psicológica. Lo estaban empujando al Rojo.
ALEX VALERA. ESTADO: ÁMBAR (85%). REGISTRO: Comportamiento errático. Búsqueda de arma improvisada.
«Están jugando conmigo».
Decidió cambiar el juego. Si no podía esconderse, buscaría respuestas. Volvió al portátil.
«¿Quiénes sois?», escribió en el chat.
La respuesta fue instantánea.
JUGUETERO: Somos los que se aseguran de que la Navidad tenga sentido. Durante siglos, la gente ha pedido que los 'malos' reciban su castigo. Carbón, lo llamaban. Pero el carbón es ineficiente. El mundo está lleno de gente como tu ex jefe, Marcos. Gente que pudre el barril. JUGUETERO: Nosotros somos... los limpiadores. El Taller es real. La Lista es real. Y Papá Noel, Alex, es muy, muy real. Es un título, no un hombre. Y acaba de hacer una nueva contratación.
Un escalofrío recorrió la espalda de Alex. «¿Contratación?»
JUGUETERO: El anterior inquilino de 'El Eco'. Un analista de riesgos, muy listo. Como tú. Encontró uno de nuestros dispositivos de monitoreo, el que tienes ahora en tus manos. Lo llamamos 'El Orbe'. Lo estaba estudiando. Lo pusimos en la lista Ámbar como advertencia. Pero siguió hurgando. JUGUETERO: Lo ascendimos. Ahora trabaja para nosotros. En el Taller. Es un trabajo para toda la vida.
Alex miró el «Orbe». No era un portátil. Era una terminal dedicada, disfrazada. Y era una trampa. Una prueba de reclutamiento.
JUGUETERO: Pero tú eres diferente, Alex. No pareces material de Elfo. Eres descuidado. Emocional.
El chat se cerró.
El temporizador de Marcos Ruiz, en Barcelona, llegó a 00:00.
Su punto rojo en el mapa parpadeó una vez y desapareció. Simplemente… se apagó.
MARCOS RUIZ. ESTADO: RECOGIDO.
Alex sintió náuseas. No lo habían matado. No en el acto. Lo habían… recogido. Llevado a ese «Taller» metafórico.
Y entonces, su propio estado cambió.
ALEX VALERA. ESTADO: ROJO. MOTIVO: No apto para reclutamiento. Riesgo de exposición.
Un nuevo temporizador apareció bajo su nombre.
PROTOCOLO DE RECOGIDA INICIADO. T-10:00 MINUTOS.
Los cascabeles sonaron de nuevo, esta vez en el porche. Seguido de un crujido de madera.
La figura ya no estaba esperando.
Alex corrió hacia la puerta trasera, la que daba al bosque. Oyó cómo la cerradura de la puerta principal, una cerradura de acero macizo, se abría con un clic metálico y preciso, como si alguien tuviera la llave maestra.
Abrió la puerta trasera de golpe y se lanzó a la ventisca.
El frío era como un cuchillo en sus pulmones. La nieve le llegaba a las rodillas. Cada paso era una batalla.
Detrás de él, oyó la puerta principal cerrarse suavemente.
No había prisa en los pasos de su perseguidor. Solo el ritmo constante de los cascabeles.
Clin, clan. Clin, clan.
Alex cayó, rodando por un pequeño terraplén. Se golpeó la cabeza contra la raíz de un árbol oculta por la nieve. El «Orbe», que llevaba metido en la chaqueta, cayó y se deslizó unos metros.
T-08:30 MINUTOS.
La figura blanca apareció en el borde del terraplén. Inclinó la cabeza, como un depredador curioso.
«No deberías haber corrido, Alex», dijo una voz. No era sintética. Era una voz de hombre, tranquila, ahogada por el casco. «Ahora tenemos que usar el método ‘Calcetín'».
El hombre levantó un brazo. Llevaba un dispositivo en la muñeca.
Alex se arrastró hacia el Orbe. Lo agarró. Era su única conexión con lo que estaba pasando.
«¿Qué… qué queréis?», gritó Alex, con la voz rota por el viento.
«Solo queremos orden», dijo el Coleccionista. «Y tú eres un cabo suelto. Feliz Navidad.»
El Coleccionista levantó su otra mano. Llevaba algo que parecía una pistola de bengalas.
Pero Alex vio algo en la pantalla del Orbe.
CONEXIÓN DE RED INESTABLE. BÚSQUEDA DE PROTOCOLOS DE EMERGENCIA... PROTOCOLO 'RENO' (EVACUACIÓN DE AGENTE) DETECTADO.
Era la señal de evacuación del propio agente.
ACTIVAR PROTOCOLO 'RENO'. ¿SÍ/NO?
El Coleccionista apuntó.
«Espera», gritó Alex, levantando el Orbe. «¡Soy yo! ¡Soy el agente! ¡El anterior inquilino! ¡Pide confirmación!»
El Coleccionista se detuvo. Su casco giró ligeramente hacia el Orbe.
«Imposible. El Agente 4B está en el Taller.»
«¡Tuvo una recaída! ¡Amnesia! ¡Comprueba la señal del Orbe!», mintió Alex, con el corazón golpeando sus costillas.
El Coleccionista bajó el arma, confundido. Consultó su muñeca. «Enviando consulta al Taller. Permanece quieto.»
Alex miró la pantalla del Orbe.
CONSULTA RECIBIDA. VERIFICANDO IDENTIDAD...
Y debajo, su propio estado:
T-06:00 MINUTOS.
El Juguetero no iba a caer en la trampa.
Alex no esperó. Con toda la fuerza que le quedaba, arrojó el pesado Orbe directamente al visor del Coleccionista.
Hubo un crujido de plástico y un grito ahogado. La figura se tambaleó hacia atrás, agarrándose la cara.
Alex no miró. Se puso en pie y corrió. Corrió como nunca antes había corrido, ciego por la nieve, hacia donde recordaba que estaba el camino. Hacia su coche.
CAPÍTULO 3: NOCHE DE HUIDA
El Volvo estaba casi sepultado. La nieve había formado un caparazón blanco sobre él. Alex se limpió la nieve del parabrisas con las manos desnudas, sus dedos entumeciéndose al instante.
Metió la llave en la cerradura. El metal estaba tan frío que casi se le pegó a la piel. El coche se abrió.
Cayó en el asiento del conductor, jadeando, buscando la llave de contacto en su bolsillo. El silencio dentro del coche era ensordecedor.
Detrás de él, en el bosque, no había sonido. Ni cascabeles, ni gritos.
¿Había funcionado? ¿Estaba el Coleccionista herido?
Metió la llave y la giró.
Clic. Clic. Clic.
El motor de arranque intentó girar, un gemido débil y patético. La batería. Muerta por el frío.
«No… por favor, no…»
Golpeó el volante. El pánico que había mantenido a raya regresó, ahogándolo. Estaba atrapado.
Miró por el espejo retrovisor.
El Coleccionista estaba de pie al borde de la carretera, a unos veinte metros. El visor de su casco estaba destrozado, revelando una masa de sangre y… algo más. Cables. Su cara no era humana. Era una especie de endoesqueleto cibernético bajo una fina capa de piel sintética. Un autómata.
El ser inclinó la cabeza, y una luz roja y parpadeante se encendió dentro del visor roto.
Estaba reiniciándose.
Alex probó la llave de nuevo. Clic. Clic. Clic.
Inútil.
Miró a su alrededor. No había escapatoria. El bosque era una trampa mortal. La carretera era una trampa mortal.
El Orbe. ¿Dónde estaba el Orbe? Lo había dejado atrás. Su única conexión, su única posible arma, perdida en la nieve.
El Coleccionista dio un paso hacia el coche. Sus movimientos eran rígidos ahora, mecánicos. Clin, clan. Los cascabeles de sus botas sonaban con una cadencia rota.
Alex cerró los seguros de las puertas. Una farsa inútil.
El autómata llegó a la ventanilla del conductor. Se quedó mirando a Alex. La luz roja de su ojo óptico escaneaba el interior.
Entonces, el móvil de Alex, que había estado muerto durante horas, vibró en su bolsillo.
Lo sacó. Tenía señal. Cobertura total. Y un mensaje de texto.
Número desconocido.
Has sido un niño muy, muy malo, Alex Valera.
El techo del coche se hundió con un terrible crujido metálico. El Coleccionista había subido encima.
Alex gritó mientras el metal se abollaba. El autómata empezó a golpear el techo con una fuerza metódica, inhumana. BUM. BUM. BUM.
El parabrisas empezó a agrietarse por la presión.
Alex se acurrucó en el asiento, cubriéndose la cabeza. Iba a morir allí, en Nochebuena, a manos de un robot asesino de Papá Noel.
BUM. BUM. ¡CRACK!
El techo se abrió como una lata de sardinas. Un brazo blanco y mecánico se introdujo en el coche, buscando a tientas.
Alex se movió hacia el asiento del pasajero. El brazo le agarró por el tobillo. El frío del metal era tan intenso que quemaba.
Tiró de él. Alex fue arrastrado por el asiento, gritando, pateando el salpicadero.
«¡Ayuda! ¡Por favor, que alguien me ayude!»
El autómata lo estaba sacando por el agujero del techo.
Y entonces, todo se iluminó.
Una luz blanca, cegadora, descendió del cielo, bañando la escena en un resplandor antinatural. El aullido del viento fue reemplazado por un sonido mucho más fuerte: el thwump-thwump-thwump de un helicóptero pesado.
Alex giró la cabeza, cegado. Un helicóptero negro, sin insignias, flotaba sobre ellos, desafiando la tormenta.
El Coleccionista soltó a Alex, que cayó de nuevo en el coche. El autómata se quedó quieto en el techo, mirando hacia el helicóptero.
Un altavoz retumbó desde el cielo, una voz tranquila y autorizada que cortaba la tormenta.
«Unidad 734, cese el protocolo de ‘Recogida’. Repito, cese el protocolo. El sujeto ha sido reclasificado.»
El autómata en el techo inclinó la cabeza. «¿Reclasificado? Mis órdenes son claras. Sujeto ROJO. Riesgo de exposición.»
«Nuevas órdenes, 734. El Juguetero ha revisado el caso. El sujeto no es un riesgo. Es un activo.»
El helicóptero descendió un poco más. La puerta lateral se abrió, revelando a dos figuras con el mismo equipo táctico, pero de color negro.
«¿Activo?», preguntó Alex desde dentro del coche destrozado, sin entender nada.
«Su intento de suplantación de identidad del Agente 4B», dijo la voz del helicóptero. «Fue… ingenioso. Improvisado. Y el uso del Orbe como arma cinética contra una unidad blindada… inesperado. Creativo.»
El Coleccionista-autómata saltó del techo del coche, aterrizando suavemente en la nieve. Se cuadró. «Órdenes recibidas. Retirándome.»
El ser blanco se dio la vuelta y, con sus cascabeles rotos, caminó hacia el bosque y desapareció en la ventisca.
Una escala de cuerda cayó desde el helicóptero, aterrizando junto al Volvo.
«Alex Valera», dijo la voz del altavoz. «Ha sido ascendido. Bienvenido al Taller.»
Alex se quedó paralizado. Esto no era un rescate. Era la verdadera recogida.
«¿Y si me niego?», gritó contra el viento.
Hubo una pausa.
«La Lista Ámbar está llena de gente que se negó a la primera. La Lista Roja está llena de gente que se negó a la segunda. Esta es tu segunda oportunidad, Alex. No habrá una tercera.»
La voz se suavizó, adoptando un tono casi paternal, el tono de un jefe que ofrece un ascenso que no se puede rechicar.
«No te preocupes. Tenemos grandes planes para ti. Tu ex jefe, Marcos, ya está siendo… procesado. Hay una vacante en contabilidad forense.»
Alex miró la escala de cuerda. Luego miró el bosque oscuro donde el autómata había desaparecido. Y luego miró su coche muerto.
No había elección. Nunca la hubo.
Temblando de frío y de terror, abrió la puerta abollada del coche y salió a la nieve. El foco del helicóptero lo seguía como la mirada de un dios.
Agarró la escala de cuerda. Sintió el tirón cuando empezaron a izarlo, alejándolo de su vida rota, hacia algo infinitamente peor.
Mientras ascendía hacia el vientre oscuro de la máquina, vio el Orbe en la nieve, a muchos metros de distancia. Su pantalla parpadeó por última vez antes de que la nieve la cubriera.
ALEX VALERA. ESTADO: RECLUTADO.
El helicóptero se elevó, giró y desapareció en la tormenta de Nochebuena, sin dejar nada atrás salvo un Volvo destrozado y el eco silencioso de unos cascabeles.
Si te ha gustado este relato de misterio, te fascinará el thriller de guerra y supervivencia que exploro en mi novela ‘La Firma del Cisne‘ y el resto de relatos disponibles.







